lunes, 11 de mayo de 2020

Docente cuarentenado

Andamiando el desamparo

Son las seis de la mañana y me despierto atontado. Recuerdo que hoy es jueves, día en que puedo decir que soy afortunado por poder levantarme más tarde, pero todos los días me despierto a esta hora y mi reloj biológico me empuja al baño. Hago rápido para volver a descansar arropado. Tengo sed, bajo a la carrera a tomar un vaso de jugo y al pasar cerca de la computadora, el protector de pantalla desaparece y el monitor se enciende. Quedó prendida desde ayer y logro divisar un mail que acaba de entrar. El tiempo en la cuarentena se vuelve laxo y cansino, y ya nadie respeta tiempos ajenos. Pero es jueves y sólo pienso dormir un par de horas más. El mail es de un alumno que participa poco en las clases virtuales y me detengo a leerlo. Es de Alejandro, un adolescente quinceañero bastante simpático y sonriente. Me explica que cada dos noches debe pasar una en un hospital cuidando a su padre, en una silla incómoda, internado por un cáncer de páncreas que avanza dando pasos agigantados y destructivos, y que por ello no puede ponerse al día con sus tareas. Pienso en Alejandro: En tres años terminará su secundario y su padre no estará allí cuando eso ocurra. Madre profesional y padre comerciante, sus condiciones de educabilidad y económicas le hicieron pasar una vida sin sobresaltos. Pero todo eso está por transformarse indefectiblemente. Él es muy joven, pero intuye que está asistiendo, desde esa silla, a un derrumbe lento de su entorno. Se me llenan los ojos de lágrimas y le miento palabras de aliento, y de que no se preocupe por sus tareas, que cuente conmigo para lo que necesite, pero sé que todo lo que le diga carece de sentido. Un sol tenue comienza a asomarse en un despejado día de otoño que no se decide a enfriarnos. A pesar de ello y de mi posibilidad de continuar durmiendo. Las palabras de Alejandro me calan hondo. Se acaba de modificar mi pensamiento de que soy afortunado.

Enciendo la cafetera, me lavo los dientes y me abrigo. Los demás días este ritual se repite monótonamente, aunque los jueves suele ser a las nueve. En estos tiempos cuarentenados todo está un poco trastocado. Un alumno o un docente puede escribirte una consulta a las 3 AM sin ánimo de molestar, y seguro sin darse cuenta. Pero el Whatsapp es implacable y eterno. No se detiene nunca. Grupos de alumnos, padres y docentes vuelcan ahí sus angustias y revelan sus miserias. Hay que calmar impaciencias y ansiedades, y por ello se vuelve absurdo que el smartphone se separe de mi mano Además de docente, soy directivo, así que no sólo debo explicar en forma virtual a adolescentes y a adultos, sino que también acompaño a docentes a transitar este mundo encerrado y virtual. Pero ya llevamos cuarenta días de reclusión y el asunto marcha. A los tumbos, pero avanza

El contenido de los whatsapp ha ido trocando a lo largo del aislamiento. Al principio nos bombardeaban con memes a toda hora. El humor como forma de resistencia. La velocidad de la ocurrencia era el mejor antídoto mientras el virus estaba lejos y contrarrestaba las noticias que llegaban de Europa. Pero hasta eso fue mutando. Ahora abundan docentes compartiendo noticias, directivos dando indicaciones, tratando de sostener una virtualidad lejana y complicada. Amigos preocupados por el encierro y el futuro. Noticias de casos confirmados cada vez más cerca. El contenido de los whatsapp ha ido cambiando, pero el smartphone no deja de vibrar

En un grupo de docentes, uno cuenta que en una escuela cercana, en la que hoy se repartían bolsones de comida a los alumnos que en condiciones normales almuerzan ahí, se acercaron varios vecinos a pedir comida. En la primera entrega, hace un mes, hubo padres que se pelearon por la poca leche en polvo que había para repartir, y se tuvo que dar intervención a la policía. Pero ahora el problema se agudizó porque vienen los vecinos a suplicar sustento, pero las bolsas están destinadas a los alumnos de esa escuela. Los docentes se turnan para ayudar en el reparto pero esta situación los desborda. El coronavirus trajo consigo no sólo el miedo al contagio, sino también, desocupación y hambre. Y esto irá empeorando a medida que pasen los días y avance el frío.

El segundo mail es de otro alumno que no sabe cómo resolver el ejercicio 15 de la guía. Enciendo las luces que están encima de la mesa de la cocina, tomo papel, lapicera, calculadora y me dispongo a resolverlo filmándome con mi propio móvil. Se va de foco, enciendo la linterna para que se vea mejor, me acerco para que el audio se escuche claro y comienza la explicación. Al finalizar lo vuelvo a ver para comprobar que se entienda. Mejor hacerlo de nuevo, el pulso no me está ayudando. Queda pendiente para cuando termine el aislamiento mejorar mi propia tecnología para perfeccionar mis clases. La virtualidad llegó para quedarse, para acompañar las clases presenciales Queda subirlo a Youtube y compartir el link entre los alumnos y avisarles que está publicado

En otro grupo, un docente comparte la nota “Encerrados en Internet” de Bernardo Marín @bernimarin director de la revista El País Retina, revista española dedicada a la tecnología, donde reflexiona sobre el futuro post pandemia y cómo han cambiado nuestros hábitos gracias al encierro. Pero el mismo docente acota “La nota es interesante, pero no hace referencia a nuestra realidad en la que el 80% de los alumnos sólo tiene un teléfono móvil para conectarse. No habla allí de los que se quedan rápido sin datos móviles, ni de los que deben compartir el aparato con sus hermanos que también estudian”

En el tercer mail, un director de otra escuela nos recuerda que es fin de mes, que los alumnos seguro ya no tendrán forma de comunicarse ni de cumplir con las clases hasta que sea mayo y vuelvan a tener datos. Que hoy y mañana no publiquemos nada. Nos cuenta que hay alumnos que salieron de sus casas y se han acercado hasta la vereda de la escuela, violando la cuarentena, para poder tener WiFi y cumplir con las tareas. Relaciono el contenido de este mail con la nota del español, donde expresa que los mayores damnificados en el uso de las tecnologías son los adultos mayores, y creo que para Europa todavía el tercer mundo sigue siendo muy lejos para ellos, y no hablo de distancias en kilómetros sino en vivencias alejadas de su propia realidad

Son las 12 hs y me apuro a publicar, en un aula virtual, la clase que mis alumnos esperan para las 13 hs. Ya la tenía escrita pero faltaba agregarle recursos y explicaciones. Luego me apuro a comer algo porque a las 15 hs tengo programada una reunión por Zoom con el resto del equipo directivo de otro establecimiento

En los primeros días de encierro me hice experto en classroom y en zoom, aplicaciones que hasta hace poco desconocía. Luego vinieron Jitsi meet, loom, Google forms, screencatify o Idroo. Aprendí también a hacer tutoriales y a digitalizar firmas. Sumado a esto, uso dos tipos de aulas virtuales diferentes. Me paso todo el día frente a la pantalla y la cantidad horaria de trabajo es mayor a cuando las clases eran presenciales. Por suerte vivo en una casa cómoda, con buena conexión a internet, en donde podemos trabajar en paralelo, en forma virtual, mi mujer, mis hijos y yo. Me alimento bien, me baño todos los días y cobro mi sueldo todos los meses. No es que sienta culpa, pero sé que estoy “parado” en un lugar mucho mejor que la mayoría de mis alumnos, a quienes los docentes dedicamos mucho tiempo de cada día en contenerlos.

Son 17, 30 hs y terminó la reunión caótica, donde prevalecieron los problemas y la incertidumbre. Nadie sabe cómo seguir, cómo se educa en la virtualidad con docentes y alumnos que no están acostumbrados ni preparados para ella. La mayoría de nuestros alumnos no tienen internet ni dispositivos para conectarse. Muchos de nuestros docentes desconocen la educación virtual y no están actualizados. Se deciden capacitaciones a docentes y alumnos. Se deben resolver muchos problemas y nadie sabe bien cómo. Se discute mucho y se termina la reunión con el gusto amargo de seguir posponiendo decisiones y nos llevamos de tarea pensar resoluciones a muchas inquietudes Tengo que pensar cómo tomar los exámenes a los alumnos que se están por recibir. Cómo conseguir alimentos para hacer más bolsas de comida que las que manda el municipio. En la reunión se propuso que los docentes que así lo deseen le carguen el celular a algunos alumnos que no tienen conexión. Tenemos que averiguar el modo en que tomar docentes nuevos y tratar de organizar las clases virtuales para que los alumnos no se mareen y bajen los brazos. Todo es prueba y error, y a la distancia. Todo es acompañar para no herir susceptibilidades ya lesionadas por el encierro y la soledad. Todo es explicar en forma virtual a alumnos que se inscribieron para cursar en forma presencial, que no tienen ni la comodidad, ni la conexión, ni las condiciones para la virtualidad. La escuela es, por definición, un encuentro entre seres humanos. Pero ese encuentro produce resultados, florece si es real. En la virtualidad todo es ancho y ajeno

El teléfono siguió vibrando durante la reunión. Un docente me avisa que en el Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidad han publicado números de Whatsapp para compartir con nuestras alumnas. A esta altura todos los docentes sabemos que si hay síntomas de coronavirus se debe llamar raudamente al 148. Si hay casos de abusos o violencia de género, que se han multiplicado gracias al aislamiento social preventivo y obligatorio, se debe marcar 144 o cualquiera de los números que hemos compartido con nuestras alumnas. Según un informe de las Naciones Unidas, las denuncias por violencia de género aumentan un 39% en Argentina durante la cuarentena por el coronavirus y, desde que comenzó el confinamiento, el 20 de marzo, se han producido 45 femicidios. Este es otro de los temas en que los docentes nos hemos vuelto especialistas. En denunciar, en acompañar, en contener y en socorrer. En estos tiempos el verbo enseñar se ha ido posponiendo.

Hoy se cumplen 15 días desde la maravilla. En la primera semana de clases, la única presencial, mis alumnos de 5° se hicieron de un apunte con repaso de temas vistos en años anteriores. Cuando empezó la virtualidad seguimos conectados vía mail. Resolvía ejercicios filmándome, enviaba los videos, y luego contestaba dudas por mail. Una comunicación fría y distante, pero para trabajar temas ya vistos alcanzaba. Pero justo hace dos semanas hicimos la primera videoconferencia. De treinta y dos alumnos lograron conectarse diez, a veces doce. Con este grupo ya nos conocíamos desde 4°. Hola profe. Profe, qué bueno verlo. Profe, tanto tiempo, lo extrañábamos. Fueron los primeros comentarios al ir apareciendo sus rostros en la pantalla. Hice un comentario gracioso acerca de mis rulos, a pesar de usar siempre el pelo muy corto e hice referencia a los camios que nos viene sometiendo la cuarentena. La maravilla la expresó Miguel sin darse cuenta. Qué bueno verlo profesor, arrancó Miguel como dudando. Usted sabe lo que me cuesta su materia, y aunque hubiera mandado diez videos más yo, nunca hubiera entendido. Corté la risa de los demás con un: Acá volvemos a estar juntos, así que lo que necesites no dudes en preguntar. Gracias profe, lo voy a interrumpir seguido, continuó, y la risa de los demás no tardó en aparecer. Usted me conoce bien, sabe que voy a insistir. Pero en el aula era distinto. Usted se acercaba, se sentaba al lado mío y me explicaba. Decía lo mismo, pero con otras palabras, y en algún momento, yo entendía (sic). Y si eso no ocurría, usted siempre tenía una sonrisa, o una palmada en el hombro como forma de dar ánimo. La maravilla que acababa de expresar Miguel, con sus dudas y sus angustias, asestaba un golpe mortal a todos aquellos augurios sobre la muerte de la institución escolar. También silenciaba a todos aquellos presagios sobre la pronta educación virtual para todos. Los docentes venimos soportando desde hace mucho el descrédito sobre nuestra tarea y lo vetusto y prehistórica que es la escuela. Pero esos infaustos nunca entraron a un aula, no saben de vivencias ni de relaciones, mucho menos de subjetividades y descubrimientos personales. En la escuela se viven odios y amistades, amores y frustraciones, pequeñas victorias y vapuleadas persistentes. En la escuela se descubren y refugian sentimientos que afuera de ella se esconderían para lograr la subsistencia. En la escuela se vive, muchas veces al día, la maravilla del encuentro entre personas como las que acababa de describir Miguel.

Otro docente, en otro mensaje, nos comparte una nota de un diario de la provincia de Entre Ríos: “Cómo impacta el encierro en los niños: cambios de conducta, casos de sobrepeso y abuso del celular” Pienso en mis hijos y en todos los otros niños y adolescentes que están encerrados. Pienso en las cientos de realidades que no vemos, que no conocemos. Pienso en cómo los docentes, muchas veces sin saberlo, les complicamos esas realidades al usar distintas plataformas y no haberles explicado cómo usarlas. Pienso en las angustias que provoca el encierro y la imposibilidad de llevar una vida común para cualquier adolescente. Algunos afortunados se refugian en las redes, pero otros no tienen esas posibilidades y hay hogares que agobian, encierros que atrofian mentes, silencios oscuros que esconden realidades miserables. Mientras tanto, muchos de mis colegas siguen preocupados porque a su classroom lo alumnos no entran ni participan

Al finalizar el día me doy cuenta que respondí más de 25 mails. Entré varias veces a las aulas virtuales. Grabé y subí dos videos. Tuve dos reuniones por Zoom y cientos de mensajes para responder. Planifiqué dos evaluaciones y tuve que rendir cuentas ante un directivo de por qué algunos alumnos no se conectaban (Hay muchos directivos que nunca entienden nada). Preparé una clase para alumnos de secundaria en Word, se la pasé a la preceptora para que la suba al Drive de la escuela, para que de ahí la suban al Facebook institucional, por si hay alumnos que no entran al classroom (como los directivos usan FB, creen que los adolescentes también la usan). Como directivo también tengo que subir datos de los alumnos a una plataforma del Ministerio de Educación, pero esa información está en la escuela. Obviamente a los del Ministerio no les interesa que haya cuarentena y que yo no pueda acercarme a buscarlos. Se debe cumplir con los plazos, me contestaron

A última hora de la noche me desplomo en la cama. Por un rato estaré sólo. Mi familia estará hasta tarde con alguna serie o comunicados con sus amigos. Dejo el teléfono en la mesa de luz previo confirmar la alarma para las seis. Miro el techo y me pongo a pensar: Me siento dichoso de estar encerrado con ellos, pero extraño mucho a mi madre y a mis hermanos. Tengo tantas ganas de ver a tantos amigos que los abrazos se me están acumulando. El teléfono sigue vibrando y temo que no deje de hacerlo nunca. En estos tiempos claustrofóbicos, ponerlo en modo avión logra que pueda descansar de él algunas horas. Pienso en las tareas que hice hoy y en la cantidad indescriptible que tengo que hacer mañana. Pero, indefectiblemente, vuelvo a pensar en Alejandro que, a esta hora debe estar buscando una silla, en un frío pasillo de hospital, para sentarse junto a su padre. Los ojos se me vuelven a humedecer y comprendo que el sueño tardará en venir

Luis Pérez Varela

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Día del Maestro


Ser docente

Hoy en Argentina se celebra el Día del Maestro
           
En mayo estuvimos conociendo, junto con alumnos y docentes del profesorado, a la Escuela de Educación Secundaria n°5 de Brandsen, situada en la localidad de Oliden
Según el último Censo Nacional viven 183 habitantes permanentes en este pueblo que, hace poco cumplió sus primeros 100 años. Como todo poblado de nuestro golpeado país, comenzó a detener su crecimiento y desarrollo a mediados de los ´90, cuando desapareció el tren, y muchos de sus habitantes comenzaron a emigrar hacia las grandes ciudades
 

Para futuros docentes, nacidos y criados en el hacinado e inentendible Conurbano bonaerense, conocer otro tipo de escuelas es fundamental para su formación, y eso es lo que hacemos todos los años en esta materia

Cuando la escuela se convierte en el lugar de pertenencia de los alumnos, el ausentismo baja porque ellos quieren quedarse. Pero no sólo lo hacen por pertenencia, ellos saben, o intuyen, que la vida afuera de “su” escuela es un páramo irrespirable. Siendo una institución de jornada simple, la mayoría de los alumnos quieren quedarse en doble turno. Actividades deportivas y culturales, olimpíadas, una buena biblioteca, y, por sobre todo, docentes comprometidos y un equipo directivo que se desentiende de sus horarios y los extiende en función de los alumnos han logrado un clima de trabajo y unos resultados que, para un docente de muchos años de laburo como yo, esta visita lo reconcilie con su profesión

Antes de finalizar, y a modo de despedida, la directora, Sandra Penachoni, se despidió, de los futuros docentes, con unas palabras cargadas de futuro, que deberían escuchar todos los grandes pedagogos, que abundan en las Universidades y en los medios de difusión, pero que hace mucho no se acercan a las aulas


Feliz día para todos los maestros

jueves, 8 de agosto de 2019

Lampedusa


Cuando la década del ´50 moría, en la Italia de posguerra, se publicó la novela Il Gattopardo, que un año después recibiría el prestigioso Premio literario Strega, y cuatro años después, luego de convertirse en un éxito editorial, fue llevada al cine por Luchino Visconti.

Única novela de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, se relata una parte de la vida del príncipe Fabrizio, que va de fines del siglo XIX a bien entrado el siglo XX, un noble que lleva una buena vida de ocio permanente. El relato describe como ese buen vivir va menguando, en una suave pendiente, por una época histórica en la que la misma Italia sufría enfrentamientos sangrientos que provocaron transformaciones internas o externas nada pacífica. Y así como esto ocurría, la burguesía y la nobleza, reflejada en dicha novela, se van hundiendo lenta, pero inexorablemente en un relato en el que Giuseppe Tomasi no ahorra detalles y sentimientos

Lampedusa es una isla italiana localizada muy cerca de la costa de Túnez, que se hizo famosa porque el autor del Gatopardo llevaba en su nombre el título nobiliario de ser el príncipe de esta isla. De algo más de 20 km2 de superficie y casi 7000 habitantes permanentes, tiene como principales actividades económicas el turismo y la pesca. Pero desde hace un tiempo Lampedusa es conocida como el punto de entrada de muchos inmigrantes ilegales que huyen del hambre y las guerras internas africanas, y se lanzan a la aventura de conseguir una vida digna en el continente europeo. Pero no sólo deberán cruzar, en precarias embarcaciones, el Mediterráneo, huyendo de una vida miserable. También deberán lidiar con piratas y mercenarios que los hacinarán en esas chalupas.  Ahí batallarán con el hambre y el sol abrasador. Una vez en el mar rezarán para no engrosar el número de casi mil personas que este año desaparecieron o murieron en el Mediterráneo. A su vez deberán rivalizar contra los miles de adherentes a las ideas de la Liga del Norte o de Vox, que acusan a los africanos de todos los males en los que está sumergido el viejo continente

Una crisis económica que no da tregua ni tiene intenciones de mermar. Una desocupación que trepa sin pausa. Cismas como el de Gran Bretaña o Cataluña, cierran y fagocitan a una Europa endogámica que no duda en acusar a los que están afuera de las fronteras Schengen de sus propias desgracias.
                              

En cumplimiento de la frase bíblica, Europa no duda en mirar la paja en el ojo ajeno sin recordar la cantidad de emigrantes que lanzó al mundo luego que se desangrara en guerras civiles y mundiales. Como en Il Gatopardo, y sin aprender de él, Europa se encierra en su historia sin percibir que se hunde lentamente, y que marcha, inexorablemente, a su propia destrucción

viernes, 22 de marzo de 2019

Centinelas de la Patria


Hace unos días, en un grupo de whatsapp de personas que fuimos adolescentes en los ´80, empezaron a publicarse fotos y videos de esa época. Hubo uno que me llamó la atención, no sólo porque no lo recordaba, sino por el vocabulario que ahí se empleaba Obviamente yo no soy el mismo que el de entonces, y en vez de nostalgia me surgieron algunas preguntas


¿Qué significa ser centinela de la Patria? Obviamente se habla de protección, de cuidado, de celador, de guardián

Cada tanto vuelven a aparecer en todos los medios anuncios para que los adolescentes que terminan el secundario continúen sus estudios en algunas de las fuerzas armadas. Con el argumento de la seguridad, el Ministerio de Defensa nos ofrece una misión inalterable: prepararse para la guerra

Los que somos docentes sabemos lo que está ocurriendo en estos tiempos. Ya lo explicaba Daniel Filmus “en épocas de crisis económicas, la gente se vuelca a lo seguro, a conseguir trabajo en el Estado, a estar en blanco, y es así que aumenta las inscripciones en las fuerzas armadas y en la docencia”
En esta realidad aciaga ¿Qué ocurriría si el que hace publicidad es el Ministerio de Educación, además de el de Defensa? (o en vez de) ¿Qué sucedería si los padres estuvieran igual de orgullosos de ver a sus hijos entrar en un Instituto Nacional de Formación Docente? Seguramente muchos lo están, pero todos sabemos el desprestigio que sufre la carrera docente

Para empezar a cambiar habría que modificar o, mejor dicho crear, políticas educativas que realcen y vuelvan a prestigiar la función de la escuela, y la tarea docente. Si para Alberdi gobernar era poblar, y para Sarmiento gobernar era educar, es el momento de volver a encontrarle sentido a la educación de una nación. Si bien ese sueño excede las posibilidades de este humilde blog, lo que empezaremos a hacer es contar historias de escuelas primarias de diferentes partes de nuestro país. Este #HistoriasDeEscuelas intentará reflejar realidades diarias de luchas, de pasiones, de desidias, de pequeñas grandes historias, de irrisorios recursos, de lugares que todos deberíamos conocer, de instituciones en donde se hace y se cuida a la patria. Relatos de los verdaderos centinelas de la Patria 


Una semana en Jujuy

  Tal como lo expresa la Ley Nacional de Educación n° 26206 “la obligatoriedad, en la educación, se extiende desde los 5 años hasta la final...