Cuando la década del ´50 moría,
en la Italia de posguerra, se publicó la novela Il Gattopardo, que un año después recibiría el prestigioso Premio literario
Strega, y cuatro años después, luego de convertirse en un éxito editorial, fue
llevada al cine por Luchino Visconti.
Única novela de Giuseppe Tomasi
di Lampedusa, se relata una parte de la vida del príncipe Fabrizio, que va de
fines del siglo XIX a bien entrado el siglo XX, un noble que lleva una buena
vida de ocio permanente. El relato describe como ese buen vivir va menguando,
en una suave pendiente, por una época histórica en la que la misma Italia sufría
enfrentamientos sangrientos que provocaron transformaciones internas o externas
nada pacífica. Y así como esto ocurría, la burguesía y la nobleza, reflejada en
dicha novela, se van hundiendo lenta, pero inexorablemente en un relato en el
que Giuseppe Tomasi no ahorra detalles y sentimientos

Una crisis económica que no da
tregua ni tiene intenciones de mermar. Una desocupación que trepa sin pausa.
Cismas como el de Gran Bretaña o Cataluña, cierran y fagocitan a una Europa
endogámica que no duda en acusar a los que están afuera de las fronteras Schengen
de sus propias desgracias.
En cumplimiento de la frase
bíblica, Europa no duda en mirar la paja en el ojo ajeno sin recordar la
cantidad de emigrantes que lanzó al mundo luego que se desangrara en guerras
civiles y mundiales. Como en Il Gatopardo, y sin aprender de él, Europa se
encierra en su historia sin percibir que se hunde lentamente, y que marcha,
inexorablemente, a su propia destrucción